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LA ORACION TERESIANA |
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2.
- Modo de oración teresiana 3.-
Mensaje teresiano de la
oración 4.
- Cristo en la oración
teresiana |
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Si
en todos los elementos integrantes de nuestra vocación tenemos que
volver los ojos a nuestra Santa Madre para encontrar su definición y
descubrir los cauces más adecuados para vivirlos, con mucha más razón
vale esto en el campo de la oración, centro y eje de la existencia y
del carisma teresiano y, por ello, elemento medular de nuestra
existencia en la Iglesia. La
oración es indudablemente la palabra de nuestra Madre. Sin ella no se
explica ni su persona ni su mensaje. No se explica el Carmelo hoy. Por
eso, el estudio de la oración teresiana, a la vez que nos brinda el
acceso a toda su vida y doctrina, nos abre a la comprensión más
radical de nuestra vocación. Es
también la palabra - antes vivencia o palabra vivida- que el hombre
moderno tiene derecho a esperar de nosotros que, por Teresa y en ella,
hemos pasado a la conciencia de la Iglesia como Orden particularmente
vinculada a la oración, comunidad orante. Concurren
en la Santa Madre todos los elementos que constituyen a alguien maestro
calificado de oración: experiencia copiosa,
abundante; inteligencia profunda de la gracia
que Dios le concede; poder de comunicación,
capacidad para traducir en palabras su experiencia. Con extrema precisión
escribe: "Porque una merced es dar el Señor la merced, y otra
es entender qué merced es y qué gracia; otra es saber decirla
y dar a entender cómo es" (V 17, 5; cf. V 12, 6; 23, 11; 30, 4).
Tres gracias místicas que hacen a Teresa maestra de oración. A la vez
que señalan los capítulos que comprende el estudio de la oración
teresiana: experiencia, doctrina, pedagogía. 1. -
EXPERIENCIA TERESIANA DE LA ORACIÓN Todos
sabemos que el acceso a la experiencia de la Santa Madre es paso
obligado para comprender su palabra, su mensaje. Y esto porque la
experiencia es la fuente de sus saberes. Porque
en su experiencia ha visto ella los elementos fundamentales de la vida
cristiana; la ha pensado y la ha reflexionado para alumbrar esas líneas
sobre las que avanza la Historia de salvación, de relación amistosa
con Dios de cada uno. Pueden
señalarse tres períodos en la historia de la oración teresiana: primer
período, de oración fácil y espontánea.
Teresa se encuentra entre sus manos con la oración (cf. V. 1). Segundo
período, de
oración difícil, dura que va desde la crisis de la adolescencia -a raíz
de la muerte de su madre- hasta la conversión definitiva acontecida en
1554 (V 9). La dificultad que experimenta tiene una doble fuente: por un
lado, su incapacidad para discurrir así como la insubordinación de la
imaginación (V 4, 8. 9; 9, 4); por otra parte, su resistencia a entrar
por el camino del amor totalitario, la incongruencia de la vida. Nos
dice de este tiempo que "parece que quería concertar estos dos
contrarios -tan enemigo uno de otro - como es vida espiritual y
contentos, y gustos y pasatiempos sensuales" (V 7, 17). Más
escueta e incisivamente: "tener oración, mas vivir
a mi placer" (V 13, 6). Un auténtico drama situado en el interior
de Teresa que le hace vivir tensa entre Dios y las criaturas. Confiesa
"que no sé cómo un mes la pude sufrir, cuanto más tantos años"
(V 8, 2). Durante
un año o algo más optó por dejar la oración (V 7, 11; 19, 5).
Califica después este abandono: "fue la mayor tentación que
tuve" (V 7, 11), "el peligro más peligroso" (V 19,10).
Sufrió el mayor bache moral: "El tiempo que estuve sin ella
era mucho más perdida mi vida" (V 19,11). "La
verdadera caída es dejar la oración" (V 15, 3). Tercer
período,
con el ingreso en la vida mística se inicia el tercer período,
ascendente ya, sin retroceso. Punto de partida, 1554 año de la conversión
definitiva. Comienza a quitar ocasiones y a darse más a la oración y
Dios se vuelca materialmente sobre ella. Ha señalado reiteradamente
esta conexión: "Pues comenzando a quitar ocasiones y a darme más
a la oración, comenzó el Señor a hacerme las mercedes, como quien
deseaba ... que yo las quisiese recibir" (V 23, 2; cf. V 19, 7; 9,
9 y 10). Una lectura atenta de la oración mística, en todas sus formas
y manifestaciones, nos llevaría a descubrir que, más allá y por
encima de los fenómenos y repercusiones sicosomáticas, la oración mística
es una comunicación de Dios, comunicación personal al hombre, y que éste
"experimenta", cada vez a niveles de mayor interioridad, hasta
llegar a la comunión personal. En la oración mística resalta con
trazo firme que la oración para Teresa es "trato de Persona a
persona", "trato de amistad". Que Dios es más agente en
la oración que la persona. En la amistad se absolutizan las personas,
los amigos. Todo lo demás pasa inevitablemente a segundo plano. Con
esto entramos en el "modo" de oración que vivió Teresa desde
sus primeros pasos en su "trato" con Dios. Unas palabras. 2. - MODO DE ORACIÓN DE
TERE Pocos
pero muy precisos y preciosos testimonios tenemos del "modo" o
"manera" de orar de Teresa: "Procuraba lo más que podía
traer a Jesucristo..., dentro de mí presente (V 4,
8). "Tenía este modo de oración ...: procuraba representar a
Cristo dentro de mi" (V 9, 4). Este modo de orar cobra un realismo
extraordinario en el momento de la comunión eucarística. Hablando de sí
misma en tercera persona confiesa: "Entrábase con él" (C 34,
8). Orar: atención a la Persona, y esto dentro, que es el espacio del
encuentro personal. Orar: estar con él, "traer presente" o
"representar", es decir, revivir, reactualizar su presencia.
"Estábame allí ... con él" (V 9, 4). Conectar con la
Persona. Cuando traduzca su experiencia a mensaje no tendrá más que
cambiar el sujeto: "Se esté allí con él" (V 13, 22). De
este modo de proceder en la oración -"oración de
recogimiento" la llamará más tarde- afirmará en Camino:
"nunca supe qué cosa era rezar con satisfacción hasta que el Señor
me enseñó este modo" (C 29, 7). Se erigirá en apóstol
infatigable, convencida con el convencimiento que arranca y se alimenta
de una larga y rica experiencia. Lo sistematizará en Camino
26-29. La
experiencia propia de la oración le llevó a la adecuación de oración-perfección.
Por ser "trato de amistad" la oración compromete la vida
entera. La oración-amistad es totalitaria y absorbente. Orar es optar
por Dios como amigo. Apunta la explicación de su crisis y la clave de
solución cuando escribe: "Si os pagara algo del amor que me
comenzasteis a mostrar, no le pudiera yo emplear en nadie sino en Vos, y
con esto se remediaba todo" (V 4, 3). Orar es "querer
ser siervos del amor" y "seguir por el camino de la oración
al que tanto nos amó" (V 11, 1). Vivir para otro, el Amigo:
"Puesto ya en tan alto grado como es querer tratar a solas con Dios
y dejar los pasatiempos del mundo ... guíe su Majestad por donde
quisiere: ya no somos nuestros, sino suyos" (V 11, 13). La
vida sigue la suerte de la oración. Y la oración sigue la suerte de la
vida. Somos lo que es nuestra oración, es decir, lo que es nuestra
amistad con Dios. Porque orar es "tratar de amistad", realizar
y profundizar las relaciones amistosas con Dios. 3.- MENSAJE
TERESIANO DE LA ORACIÓN De
su experiencia oracional Teresa ha pasado a la proclamación de su
mensaje. Orar es "tratar de amistad, estando muchas veces tratando
a solas con quien sabemos nos ama" (V 8, 5). Aparte de las enormes
resonancias bíblicas de esta definición teresiana, de la
"revolución" que supone en la historia de la espiritualidad,
quisiéramos ahora llamar la atención únicamente sobre algo, por lo
demás, patente: a saber, que todo el peso de la concepción teresiana
de la oración recae sobre las personas, que aquí y ahora, viven
vueltos el uno al otro, en trato de amistad. Señala la definición que
orar es alcanzar la Persona desde la persona: acogida y donación,
escucha y pronunciamiento. "Trato". Cuando
en Camino se pregunte directamente "en qué consiste la
oración mental" (C 22, tit.), no retomará la definición dada en Vida,
pero dirá reveladoramente al final del capítulo: "Esta es oración
mental ... entender estas verdades". Una lectura atenta del capítulo
nos descubrirá que "estas verdades" no tienen un significado
abstracto. Son "las verdades" de Dios y del hombre, del
"quien" de Dios y del "quien del hombre. Descubrimiento
encaminado al encuentro existencial, a "conformar mi condición con
la suya" (ib., 7). Toda
la atención del orante la quiere Teresa centrada en la Persona divina.
"Mirar" a la Persona. "No os pido más que le miréis"
(C 26, 3); "Acallado el entendimiento, mire que le mira" (V
13, 22). No importa lo que se le dice, ni cómo se le dice. Interesa el
"estar con él". El acto de presencia. Atención
a la Persona, decíamos. Con una matización muy teresiana: atención al
amor que Dios nos tiene. Entra como elemento en la definición:
"con quien sabemos nos ama". Cuidadosamente notará Teresa que
la primera lección de Cristo, Maestro de oración, es el amor
que nos tiene: "En la primera [palabra del paternoster] entenderéis
luego el amor que os tiene" (C 26, 11). Saberse amado. Es punto de
partida para una respuesta de amor: "Amor saca amor" (V 22,
14). Por eso, en todo hay que mirar el amor que Dios nos tiene: "lo
que más os despierte a amar eso haced" (4 M 1, 7). Encuentro
en el amor, la oración. Y encuentro en la verdad: la verdad de Dios y
la verdad nuestra. En la oración se nos desvela Dios, nos muestra su
verdad: que nos ama, que nos da. Dios es amigo de dar. "No se cansa
de dar", y "sin tasa". "Anda buscando tener a quién
dar". Es el Dios que Teresa ha descubierto en la oración. El
conocimiento de alguien -también de Dios- sólo se logra por el trato
amistoso con él. Y
también el descubrimiento de nosotros mismos. Orar es
"entrar" dentro de nosotros. "Conocernos": nuestra
riqueza. Y nuestra miseria, nuestro estado moral. Somos un "palacio
todo de un diamante o muy puro cristal~. "Nuestra gran
capacidad", "dignidad", "hermosura". Son las
primeras palabras que Teresa nos brinda al iniciar las Moradas.
"Podemos tener conversación no menos que con Dios" (1 M 1,
6). También
nos descubre la oración nuestra situación moral. De si nos dice que
"en la oración veía ... el ruin camino que llevaba" (V 19,
12); "en la oración entendía más mis faltas" (V 7, 17). Por
ser encuentro personal, la oración es también encuentro transformante.
La oración genera hombres nuevos. "Tratar de amistad"
significa robustecer y consolidar la amistad. Es la tesis que defiende
la Santa Madre en todas sus obras. VIDA defiende la tesis de
que la oración es transformante. Y para probar esta afirmación cuenta
su vida, que es fruto de la oración. La estructura interna de la obra
responde a esta tesis. CAMINO vuelve sobre lo mismo: la Oración,
camino de perfección. Y MORADAS presenta la oración como
movimiento de interiorización, de acercamiento al centro de nosotros
mismos donde nos vive Dios. Profundizar las relaciones con él. La
mejor oración será siempre aquélla que más renueve la vida: "Yo
no desearía otra oración sino la que me hiciese crecer las
virtudes". "¡Oh!, que ésta es la verdadera oración y no
unos gustos para nuestro gusto no más" (Cta. al P. Gracián, 23.
10.76; 133, 8). Por eso, a la vida hay que atender para el
discernimiento de la verdadera oración. También cuando se trata de la
oración mística: "En los efectos y obras de después se conocen
estas verdades de oración, que no hay mejor crisol para probarse"
(4 M 2, 8; cf. 6 M 8, 10; CC 53, 16). Concretamente a la vida hay que
atender para discernir la verdad de la oración: "Vuestro entender,
hijas, si estáis aprovechadas, será en si entendiere cada una es la más
ruin de todas (...) y no en la que tiene más gustos en la oración y
arrobamientos, o visiones o mercedes que hace el Señor ..., que hemos
de aguardar al otro mundo para ver su valor" (C 18, 7). Porque
encuentro amistoso, la oración está abierta esencialmente a
crecimiento y desarrollo. La oración no es algo hecho. La oración es
una realidad viva, dinámica, en proceso. Es
particularmente importante destacar esta dinamicidad de la oración para
no bloquear, sino positivamente servir a la oración del hombre en cada
etapa del proceso. La
Santa Madre ha hablado del dinamisno de la oración con el grafismo de
las comparaciones: distintas formas de regar el huerto, en la Autobiografía;
distintos niveles de comunicación en la historia de las relaciones
interpersonales entre Dios y el hombre, en Moradas. En ambas
comparaciones se evidencia una progresividad en la definición de los
dos protagonistas: Dios y el hombre. Crece la actividad de Dios y,
consiguiente y paralelamente, crece la "pasividad" del hombre.
En Vida señala la Santa que el "trabajo" del
hortelano (el hombre) es cada vez menor, sin embargo, es mayor el
"fruto". Dios va progresivamente adueñándose del escenario,
hasta dominarlo. En Moradas, al presentar la oración como un
movimiento de interiorización, se evidencian más los niveles en los
que se sitúa ese encuentro: Dios y el hombre se "tratan" a
niveles cada vez más íntimos y profundos (eso significan las distintas
"moradas"). La
oración mística es el "campo" por excelencia del magisterio
teresiano. Intenta llenar una laguna existente en los libros de oración
(1 M 2, 7; V 14, 7). 0 sea, decir lo más importante de ese trato
amistoso que queda habitualmente silenciado: lo que Dios obra. El es el
principal agente. Y
con ello conducir al hombre a una actitud de pasividad-activa,
de escucha receptiva. La oración para Teresa es fundamentalmente, desde
el hombre, tiempo de escucha, tiempo de manifestación de Dios. Epifanía,
desvelamiento. A ello apunta la comparación fundamental sobre la que
teje la exposición de Camino: Cristo, Maestro; el hombre, discípulo.
Por ello señala la actitud con que el hombre tiene que acceder a la
cita de la oración cuando escribe: "Pues juntaos cabe este Maestro
muy determinadas a aprender lo que os enseña" (C 26, 11).
Dios-Cristo "enseña" en la oración "a quien se
quiere dar a ser enseñado de él en la oración (C 5, 3; cf. 2 M 1, 3;
MC 4, 3; V 16, 1; C 28, 3; etc.). Cuando
se sitúa la oración en el encuentro interpersonal, en el amor mutuo,
se da solución radical a un "problema" que ha capitalizado
siempre la praxis de la oración: las distracciones y la sequedad.
Teresa no se cansa de decirnos que las distracciones y la sequedad no
impiden el acto de oración, aunque ciertamente lo hagan más difícil.
La oración no es cuestión sicológica sino teologal. Ha sido
reiterativa en afirmar que el hombre puede "estar" con Dios
"con mil revueltas de cuidados y pensamientos de mundo ..." (V
8, 6). Por eso, ha dicho que "no haga caso de malos
pensamientos" (V 11, 11), "que si no pudieren tener aún un
buen pensamiento ..., que no se maten" (V 22, 11; cf. 2 M 1, 9).
"Así no es bien que por los pensamientos nos turbemos ni se nos dé
nada" (4 M 1, 11; todo este capítulo, a partir del n 7, es
extraordinario). 4. - CRISTO EN LA
ORACIÓN TERESIANA Toda
la palabra sobre la oración teresiana tiene que poner de manifiesto la
dimensión cristocéntrica de la misma. Cristo no es un
"tema". Cristo es la presencia obligada, inevitable en todo el
proceso. Su
oración estuvo siempre centrada en Cristo, de comienzo a fin (cf. V 4,
8; 9, 4). Cristo HOMBRE (ib., 6). Nos habla en su "costumbre de
holgarse con este Señor" (V 22, 4), que "había sido tan
devota toda mi vida de Cristo" (ib.). Y aconsejará a los
principiantes que "pueden representarse delante de Cristo y
acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada Humanidad y traerle
siempre presente" (V 12, 2), dando "por aprovechado" a
"quien trabajare por traer consigo esta preciosa compañía~ (ib.)
a la vez que exhorta a no dejar "muchas veces la Pasión y vida de
Cristo, que es adonde nos ha venido y viene todo bien" (V 13, 13). La
oración mística viene a confirmar esta dirección cristocéntrica de
la oración teresiana (6 M 8, 1). Por eso Teresa entra en la disputa de
la presencia de la Humanidad de Cristo en todo el proceso
espiritual con la fuerza y el convencimiento de su experiencia,
sentenciando que es camino y puerta para todo bien, y que "no
quiero ningún bien, sino adquirido por quien nos vinieron todos los
bienes" (6 M 7, 15). La
orientación cristológica de la oración teresiana vino definitivamente
potenciada por un hecho decisivo: Cristo se le presentó como el
"libro vivo" o "verdadero" en el que aprende
"todo lo que hay que saber y hacer" (V 26, 6). Una serie de
gracias místicas (visiones, hablas, etc.) que tiene a Cristo como
objeto profundizan esta línea. Cristo le introduce en el matrimonio
espiritual y en el misterio trinitario (7 M 1, 7; 2, 1). Desde
el "poned los ojos en Cristo" (1 M 2, 11) hasta el
"aparecimiento" del "Señor en este centro del alma"
(7 M 2, 3), corre la oración como un desvelamiento de Dios y del hombre
en Cristo, encuentro cristificante: "Juntos andemos ..." (C
26, 6). 5. - PEDAGOGÍA
TERESIANA DE LA ORACIÓN La
oración se sabe desde la praxis. Por eso, la preocupación íntima de
Teresa es enseñar a orar, disponer y concertar las piezas para hacer al
orante. Es
un don la oración. Pero concedido a un hombre libre. Quiere_ esto decir
que, como toda semilla, la oración precisa una tierra y unos cuidados
para su desarrollo y culminación. Camino
es el libro por excelencia de la oración teresiana. El esquema interno
de la obra manifiesta la intención de la autora. Se detiene en la
exposición de las "cosas necesarias" que han de tener los que
"pretenden llevar camino de oración". Ella sabe las prisas de
sus lectoras porque les hable de la oración.. Y retrasa una y otra vez
la exposición directa (cf. C 16, 1; 17, l; 20, 1; 21, 1) . Es
categórica: no podrá ser nadie contemplativa sin estas cosas, que son
caridad, desasimiento y humildad. Quien pensare lo es está muy
equivocado. Por el contrario, quien las viviere "estará muy
adelante en el servicio de Señor", aunque no sea muy
contemplativo, es decir, aunque su oración como tal sea pobre, no
alcance las oraciones místicas. ¿
Cómo podríamos presentar la pedagogía de la Santa Madre? Creemos que
podemos decir que para ella enseñar a orar es enseñar a vivir. O
sencillamente a ser. No se trata de enseñar una técnica -o no
propiamente y menos principalmente una técnica - sino de recrear al
hombre por dentro. Hacer al orante, cuidar la persona que ora. Con este
planteamiento Teresa se muestra extremadamente consecuente y lógica con
su definición de oración: "trato de amistad", una opción
radical y totalitaria por Dios. De este modo las tres "cosas
necesarias" apuntan directamente a promover unas actitudes que, a
la vez que se oponen radicalmente al hombre de pecado, no amigo de Dios,
definen al hombre nuevo, al amigo de Dios: egocentrismocaridad
virginidad Una
presentación de cada una de esas "cosas necesarias" desborda
con mucho nuestro intento presente. Pero cabría decir sencillamente:
por la llamada a la caridad Teresa quiere que el hombre aprenda
a tratar con su hermano, a ser amigo, a abrirse a los demás para poder
sacar adelante su "trato" con Dios; por el desasimiento
de todo lo criado o libertad, la Maestra de oración nos
exhorta a romper amarras, a superar el "apetito" posesivo, a
liberarse de todo; por la humildad nos enseña a dejar a Dios
el protagonismo de nuestra vida, a dejarnos conducir por él, no
queriendo imponerle, ni siquiera "aconsejarle", el camino por
donde nos ha de llevar. Junto
con estas "cosas necesarias" la Santa Madre nos ha hablado con
insistencia de la "determinada determinación". Es
una pieza clave de su pedagogía. Determinada determinación contra los
miedos de fuera, contra ciertos teólogos que dicen "que no es
menester oración mental " y también contra las indolencias y los
cansancios de dentro, resistencias a entrar por el camino del amor,
porque "somos caros y tan tardíos de darnos del todo a Dios"
(V 11, 1), "francos de presto y después tan escasos" (C 32, 8
). ¿
Que entiende la Santa Madre por la "determinada determinación"?
Un movimiento de todo el ser por el que nos liberamos de nosotros mismos
y nos convertimos a él. Determinarse es convertirse a él. Es decir,
implica una postura de amor limpio, amor gratuito. Ya a los
principiantes en el camino de la oración les brinda esta consigna:
"El intento de quien comienza no ha de ser contentarse a si, sino a
él" (V 11, 10). Y
esto se traduce concretamente en soportar con ánimo varonil, sin
dramatismos egoístas la cruz de la sequedad, la oración difícil.
Personalizando -a lo que tan dada es la Santa"determinarse" es
"ayudar a llevar la cruz de Cristo", "no dejarle caer con
la cruz" . Así responde a una pregunta tremenda con la que define
la oración de los principiantes: "¿Qué hará aquí el que ve que
en muchos días no hay sino sequedad, y disgusto y desabor, y tan mala
gana para venir a sacar el agua...?". Responde: "Alegrarse y
consolarse ... pues ve [Dios] que sin pagarle nada tiene tan gran
cuidado de lo que le encomendó; y ayúdele a llevar la cruz .
. .; y así se determine . . . no dejar a Cristo caer con la cruz"
( V 11, 11). Capítulos más adelante volverá a decirles: "Es gran
negoción comenzar las almas oración comenzándose a desasir de todo género
de contentos y entrar determinadas a sólo ayudar a llevar la cruz a
Cristo, como buenos caballeros que sin sueldo quieren servir a su
Rey" (15, 11). Aconsejará a sus monjas esta postura de amor
limpio: "Tomad, hijas, de aquella cruz; no se os dé nada de que os
atropellen los judíos, porque él no vaya con tanto trabajo"
(C 26, 7). Será la empresa, lo únicamente sustantivo; lo demás
es accidental. "Abrazaos con la cruz que vuestro Esposo llevó
sobre sí y entended que ésta ha de ser vuestra empresa ... Lo demás
como cosa accesoria" (2 M 1, 7). La
determinada determinación debe ser radical (VII, 1-4), irrevocable
(C 20, 2; 23, 1-2), perseverante (2 M 1, 5). En general, diríamos
que debe poner al hombre en línea con Dios: para que dure la amistad y
sea verdadero el amor, tienen que encontrarse las condiciones (V 8, 5). Dios
sólo atiende a esta determinación (VII, 16; 12, 3; 3 M 1, 7; 4 M 1,
7). Junto
a estos presupuesto o premisas de la oración, que bien podríamos
llamar teologales, exigencias intrínsecas de la oración-amistad,
Teresa insiste en otros elementos no menos importantes. Los llamaríamos
presupuestos sicológicos. Entre éstos destaca la soledad.
Entra como elemento integrante en la definición de la oración:
"tratar a solas". La amistad -y la oración es una
"vuelta a lo divino de la amistad humana"- busca el marco de
la soledad, y crea la soledad. Toda oración es en verdad, radicalmente
siempre a solas. Educarnos
a la soledad: necesaria para tener orante, para ser persona. Necesaria
para posar experiencias y descubrir aspectos de la realidad que se nos
escapan. Necesaria para el desarrollo de otras dimensiones del ser. La
soledad es para "oírle", para bajar a niveles de nuestro
"yo" que se nos escapan y que no explotamos porque
desconocemos. La soledad es para saber con quién estamos. Soledad
poblada: "Pues estáis sola, buscad compañía ...¿ y que mejor
compañía que la del mismo Maestro que enseñó la oración que vais a
rezar?" (C 26, 1). Oración a solas: no es huir de nadie sino ir
hacia Alguien. No es ausencia sino presencia. La
conexión entre oración y soledad es tan íntima que Teresa la
convierte en nota de discernimiento oracional: "anda continuo el
deseo de soledad en las almas que de veras aman a Dios" (F 5, 15).
El crecimiento en la oración se constata como crecimiento del deseo de
soledad. Soledad material: de ésta dice que
"acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración" (C 4,
9). Se remite a la práctica y a la enseñanza de Jesús: "ya sabéis
que manda su Majestad que sea a solas, que así lo hacia él siempre que
oraba" (C 24, 4). Soledad
espiritual: soledad de "amores" y presencias que
vician en raíz el encuentro con él. Soledad espiritual es atención
fuerte, gravitación amorosa en torno al Amigo. Presencia de todo el ser
a él. Que culmina en "no salir de aquel centro". "Lo
esencial" y "lo mejor" del hombre "siempre está con
él". Soledad espiritual es interiorización (7 M 1, 11; 2, 5). Habla
también la Santa Madre de "tratar con personas que tratan de lo
mismo':. "Oración compartida" (V 7, 20-22; C 20, 4). El trato
amistoso con quienes son orantes - los primeros los miembros de la
propia comunidad - salvaguarda y potencia la propia oración, educa a la
oración. Nos
habla la Santa de un grupo heterogéneo (V 16, 7) y de una comunidad
orante estable que "trata" de oración y que no ha de
disimular ante extraños su identidad (C 20, 4-6). Asigna
al grupo un valor extraordinario en la promoción, mantenimiento y
exigencia de la oración. "Está el todo" (V 23, 11), tratar
con amigos de Dios, es decir, con orantes. "Grandísima cosa es
tratar con los que tratan de esto" (2 M 1, 6). Se goza Teresa con
el proceder de las hermanas: "A veces me es particular gozo cuando,
estando juntas, las veo a estas hermanas tenerle tan grande interior,
que la que más puede, más alabanzas da a nuestro Señor~' (6 M 6, 11). Con
esto está en conexión la importancia que concede al "maestro de
oración". Está convencida que sin él - "maestro sabio y
experimentado" - casi será imposible sacar adelante la propia
oración. Se quejó de no tenerlos, al menos tan buenos como quisiera.
Su magisterio busca suplir en alguna manera esta posible escasez. Conclusión. - La oración define y abarca toda la vida espiritual,
según Teresa. Preguntarse por ella es preguntarse por lo que nos
caracteriza e identifica en la comunidad eclesial. A
la luz de la experiencia teresiana sobre las dificultades personales en
la oración, 1ª
¿cuáles ha experimentado más vivamente en la suya?
Y
teniendo en cuenta su "modo de proceder en la oración" y que
nos propone más detalladamente en Camino 26-29, 2ª
¿cómo y hasta dónde le ha servido en su propia oración?
Sabiendo
que la oración, "el trato de amistad con Dios", es algo vivo,
en permanente proceso, 3ª
¿qué rasgo de la oración, en sus distintas etapas, juzga más
luminoso hoy para discernir la suya? En
la pedagogía de la oración que particularmente en Camino nos ofrece la
Santa Madre, 4ª
¿qué importancia le da al planteamiento teresiano de
educarse para la relación fraterna, en la libertad y en la verdad?
5ª
¿qué le parece más original de la pedagogía teresiana? ¿y
por qué? |
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