MI VIDA. Recuerdos (1927 - 1977)

Joseph Ratzinger, Ediciones Encuentro, 4ª ed., Ensayos-253

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El cardenal es un verdadero católico bávaro: capaz de gozar y hacer gozar la vida. Su secreto es que la afronta como tarea.
(Prólogo Mns. Angelo Scola) 
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Suficiente sólo es la realidad de Cristo. 
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El Nuevo Testamento no es otra cosa que una interpretación de la historia de Jesús de "leyes, profetas y escritos" que, en tiempo de Jesús, no se había fusionado en su forma madura de canon definitivo, sino que estaban aún abiertas y se presentaban por esto a los discípulos como testimonio a favor de Jesús mismo, como Sagradas Escrituras que revelan su misterio. 
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El dogma no era sentido como un vínculo exterior, sino como la fuente vital que en realidad posibilitaba nuevos conocimientos. La Iglesia estaba para nosotros viva, sobre todo en la liturgia y en la gran riqueza de la tradición teológica. No habíamos tomado a la ligera la exigencia del celibato, pero estábamos realmente convencidos de podernos fiar de la experiencia secular de la Iglesia y que aquella renuncia que ella nos reclamaba y que penetraba hasta el fondo de nosotros se convertiría en fecunda. 
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En el ámbito del diálogo ecuménico, en cuyo vértice estaban el arzobispo Jäger de Padeborn y el obispo luterano Stählin (de este círculo, sobre todo, nació después el Consejo para la Unidad de los Cristianos), se pronunció Gottlieb Söhngen apasionadamente contra la posibilidad del dogma alrededor del año 1949. En tal circunstancia, Eduard Schlink, profesor de teología sistemática en Heidelberg, le preguntó de un modo muy directo: "¿Qué hará Vd. si el dogma es finalmente proclamado? ¿No debería volver la espalda a la Iglesia católica?" Söhngen, después de un momento de reflexión, respondió: "Si el dogma fuera proclamado, recordaré que la Iglesia es más sabia que yo, y que debo fiarme más de ella que de mi erudición".
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De Lubac acompañaba al lector desde un modo individualista y estrechamente moralista de creer, a través de una fe pensada y vivida comunitariamente en su misma esencia, hacia una fe que, precisamente porque era por su propia naturaleza también esperanza, investía la totalidad de la historia y no se limitaba a prometer al individuo su felicidad privada. 
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"Revelación" es de hecho un concepto de acción: el término define el acto con que Dios se muestra, no el resultado objetivado de este acto. Y porque esto es así, del concepto de "revelación" toma siempre parte el sujeto receptor: donde nadie percibe la revelación. Allí no se ha producido precisamente ninguna revelación porque allí nada se ha desvelado. La idea misma de revelación implica un alguien que entre en su posesión......
..... Porque si las cosas fueran como las he descrito, entonces la revelación precede a las Escrituras y se refleja en ella, pero no es simplemente idéntica a ellas. Esto significa que la revelación es más grande que el solo escrito. De ello se deduce, en consecuencia, que no puede existir un mero "Sola Scriptura" (solamente a través de la Escritura), que a la Escritura está ligado el sujeto que comprende, la Iglesia, y con ello está dado también el sentido esencial de la tradición. 
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la revelación, esto es, el dirigirse de Dios hacia el hombre, su salirle al encuentro, es siempre más grande de cuanto pueda ser expresado con palabras humanas, más grande incluso que las palabras de la Escritura. 
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Las Escrituras son el testimonio esencial de la revelación, pero la revelación es algo vivo, más grande, que, para que sea tal, debe llegar a su destino y ser percibida; sino no, no se produciría "revelación". La revelación no es un meteorito caído sobre la tierra, que yace en cualquier parte como una masa rocosa de la que se pueden tomar muestras de roca, llevarlas al laboratorio y analizarlas. La revelación tiene instrumentos, pero no es separable del Dios vivo, e interpela siempre a la persona viva que alcanza. Su objetivo es siempre reunir a los hombres, unirlos entre sí; por eso la Iglesia pertenece a ella. Pero si se da este sobresalir de la revelación respecto a las Escrituras, entonces la última palabra sobre ella no puede venir del análisis de las muestras rocosas - el método histórico-crítico -, sino que de ella forma parte el organismo vital de la fe de todos los siglos. Precisamente a aquello de la revelación que sobresale de las Escrituras, que, a su vez, no puede ser expresado en un códice de fórmulas, es a lo que denominamos "Tradición".
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