"Escritos esenciales"

Arnold Eberhard, ISBN: 8429314180, Sal Terrae, El pozo de Siquem - 128

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El camino de la reconciliación y la no resistencia implica la renuncia a todos los derechos. Implica gastar más tiempo, más fuerza y más vida, aunque ésto sólo provoque enemistad 

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No os carguéis nunca por mirar demasiado lejos. Vivid el momento presente. 

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Tenemos que renunciar a todo y permitir que nuestros adversarios se lo lleven todo. Si lo hacemos, no nos encontraremos con exigentes demandas, sino con oportunidades para el amor y la alegría 

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La Escritura no tenía que ser analizada o interpretada, sino vivida y obedecida. 

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Por obediencia a la Palabra de su Señor han envainado sus espadas, porque sus únicas armas son el amor y el Espíritu.  66
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Para encontrar la verdadera felicidad en la tierra tenemos que estar llenos del amor de Dios y atesorar tesoros en el cielo. 

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Pero este camino exige que entremos por la puerta estrecha. Implica la pérdida de todo privilegio y propiedad. Implica que perezcamos, que suframos lo que a los ojos de los demás equivale a una ruina personal tan grave que parezca que estamos cometiendo una especie de suicidio social. Y en cierto sentido lo estamos cometiendo."Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mi la encontrará"

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Y tenemos que vivir en comunidad porque todo la vida creada por Dios existe en un orden común y trabaja a favor de la Comunidad 

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Fe significa recibir a Dios en persona, quedando sobrecogido por él. Fe es la fuerza que nos permite avanzar por este camino. Ella nos ayuda a encontrar la confianza una y otra vez cuando, desde un punto de vista humano se han destruido los cimientos de la confianza. La fe nos da la visión necesaria para percibir lo que es esencial y eterno. Nos da ojos y manos para ver y captar cosas que, aun cuando se encuentran en todas partes, no pueden ser vistas o tocadas si no es gracias a ella

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El único poder que puede construir una verdadera comunidad es la fe en el bien último, la fe en Dios 

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Hay organizaciones políticas que luchan, como nosotros, por la paz internacional, la abolición de la propiedad privada y la plena comunidad de bienes. Sin embargo, no podemos limitarnos a ponernos de parte de estas organizaciones y librar sus batallas a su manera

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La vida en comunidad es el martirio por el fuego: significa el sacrificio diaria de todas nuestras fuerzas y todos nuestros derechos, todas las pretensiones supuestamente justificadas que normalmente planteamos a la vida. Como leños individuales tenemos que ser consumidos por el fuego y unirnos en llamas resplandecientes si queremos dar calor y luz a la tierra. 

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La verdadera comunidad es una alianza establecida en sumisión y sacrificios voluntarios 

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En el contexto de la comunidad eclesial, la justicia no tiene nada que ver con la satisfacción de demandas de derechos personales, aunque sean razonables, sino que consiste en someterlo todo a Dios. Esto no se puede producir planteando duras exigencias a los otros, sino en un gozoso sacrificio de uno mismo, porque el Espíritu de Dios se expresa en el trabajo alegre y voluntario.

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