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Cartas a los hombres Jesús Urteaga Loidi, Colección Patmos - 153 |
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Me entusiasman los hombres que hacen cosas. Me revientan los que se limitan a criticar lo que hacen los demás |
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La vida consiste en elegir |
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Sabiendo que en la vida hay hielo, pon amor y... ¡camina! |
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El porvenir de las colectividades depende de la conciencia de sus individuos. ¡Que cada cual sienta amor por la obra de sus manos! ¡Que haya un poco de fervor en el trabajo de cada ciudadano y España será grande! (Azorín diciembre 1926) |
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Se es cristiano cuando se es capaz de amar no solo a la Humanidad en abstracto, sino a cada persona que pasa cerca de nosotros. |
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No olvidemos que Dios, que nos da la seguridad de la fe, no nos ha revelado el sentido de todos los acontecimientos humanos. |
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Nace el vacío cuando muere la esperanza. |
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Es el Cristianismo una religión que declara, establece, determina las relaciones naturales y sobrenaturales que unen al hombre con su Creador y Redentor. |
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La Iglesia no tiene como única misión bautizar a todos los hombres, sino bautizar a todo el hombre y a todo en el hombre. |
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Seremos siempre defensores de lo sobrenatural, de lo eterno y de lo religioso, pero sin olvidar ni menospreciar la naturaleza, el tiempo y lo profano. |
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Lo triste no es el tener que luchar por la vida, sino el tener miedo a esa lucha. |
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Así ha de ser el diálogo apostólico: con claridad, sin imposiciones, sin orgullos, sin herir, sin ofender, dando confianza, la confianza del amigo que comprende y respeta a los demás. |
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Si queremos manifestar la presencia de Dios en el mundo tenemos que querernos con obras. |
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Enseñaréis a vuestros hijos a no juzgar las culpabilidades internas de los hombres, pero cuidareis de no hacerles indiferentes a la verdad y al bien..... Enseñad a vuestros hijos a rechazar los errores, pero amando siempre a los hombres equivocados. |
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Que haya en todas las cosas necesarias unidad, libertad en las dudosas, caridad en todas y siempre. |
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Cristo antes de decir lo que tenían que hacer, les habló de lo que deberían ser: auténticos hijos de Dios, y por lo tanto, hermanos de sus hermanos los hombres, para lo que habrían de cambiar de mente y convertirse de corazón. |
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