La entrada de las hijas de Santa Teresa en el Nuevo Mundo no podía hacerse por el cauce legal de la Congregación Española, pues era opuesta a ello por principio. Pero Dios está por encima de tales principios, y así lo ordenó de otro modo, igualmente legal. Advirtamos que hay una tradición en el Carmelo, muy general y con bastante fundamento, que ya Santa Teresa, en vida, recibió la invitación de hacer llegar el nuevo carisma hasta América. Basta con observar que tenía allí a casi todos sus hermanos y a muchos conocidos y amigos. La Santa no pudo atender este deseo americano, pero profetizó que no tardando mucho verían cumplidos sus anhelos .

Primera comunidad de Carmelitas Descalzas en América: Puebla de los Angeles

 

   A principios del s. XVII, Ana y Beatriz Núñez, de Gibraleón (Huelva), se desplazaron a Veracruz, en Méjico donde residía su hermano Pedro. Las dos (¿) se casaron y las dos enviudaron.  Decidieron junto con una amiga sevillana, Elvira Suárez, viuda como ellas y posteriormente la joven doña Juana Fajardo y Galindo, hacer vida en común, en casa de Beatriz desde 1593, bajo la dirección del sacerdote jesuita el Padre Alonso Ruiz, viviendo en clausura y emitiendo voto de castidad en manos del vicario episcopal. En 1596, el obispo de Puebla la reconoció como Recogimiento, y en ella ingresó la sobrina del P. A. Ruiz, María de Vides.

   A través de un padre franciscano, Comisario de la Inquisición, conocieron las obras de santa Teresa, que él había traído de España y se las regaló. Con la lectura asidua de la santa, la comunidad fue adquiriendo una configuración cada vez más específica hacia un estilo carmelitano. El P. Ruiz aprobó la idea de las mujeres y dieron cuenta de sus intenciones a D. Diego Romero, obispo de Puebla de los Angeles que aceptó y pidió a Roma el Breve de fundación, asumiendo con alegría la idea de la fundación del Carmelo femenino en Méjico. Les propuso fundar en Puebla mejor que en Veracruz puesto que ahí había ya comunidad de carmelitas descalzos desde 1586 que podría acompañarlas. A ellas les pareció acertado y aceptaron de manera que desde entonces las acompañó el P. Pedro de los Apóstoles carmelita español, que desde entonces fue colaborador de gran importancia para la fundación.

   Como vemos, las Carmelitas Descalzas en América, comenzaron con un grupo de mujeres españolas laicas que hacía vida de comunidad en Veracruz y luego en Puebla, pero no desde España

   La tramitación del Breve fue larga.  En un documento del Archivo Vaticano se habla de la instancia presentada por el arzobispo electo de México y del presidente del Consejo de Indias al General de la Orden para la fundación de un Carmelo en la ciudad de México. El 29 de mayo del 1601 la Congregación de Obispos y Regulares decidía: “Scribatur ad mentem Smi.”

   En carta de esta Congregación Romana al General Francisco de la Madre de Dios se decía que no se mandaran monjas a Méjico, porque “non convenía en modo alguno exponer las monjas al peligro de la navegación y del largo viaje, de donde podían nacer escándalos y desórdenes de gran consecuencia”. Se facultaba al General para que respondiese, si fuera necesario incluso con censuras, si las instancias se repetían pidiendo monjas de España para cualquier parte de las Indias.

   Al fin, el Papa Clemente VIII concedió la bula de erección el 5 de julio del 1602. Por el retraso de correos y por otros motivos su ejecución tuvo lugar sólo el 26 (¿) 27 de diciembre del 1604 en Puebla de los Angeles. “Fue toda la ciudad -escribe el Tesoro escondido...- en forma de cabildo, con el señor obispo” (p. 312). Las cinco perseverantes aspirantes recibieron el hábito.  Predicó en la ceremonia el prior del Carmen, Pedro de los Apóstoles. “Fueron -escribe  todavía el Tesoro escondido- las primeras Carmelitas que la América gozó...”.

   El día de los Santos Inocentes de 1603 hicieron la profesión. Como priora quedó la M. Ana Núñez de Jesús y como supriora la M. Elvira Suárez de San José. María de Vides de la Presentación se encargó del torno y la M. Juana Fajardo de San Pablo quedó como maestra de novicias. Puebla se llenó de la alegría carmelitana y fueron llegando nuevas vocaciones. De esta manera llegó el carmelo descalzo femenino a América.

Segunda comunidad de Méjico y Primera fundación de Méjico capital:  San José:

 

   En la ciudad de Méjico, estaba el convento de Jesús María de Concepcionistas. De él eran religiosas Mariana de Pedraza e Inés de la Cruz, que a través de los padres Pedro de los Apóstoles y Pedro de san Hilarión, conocieron las obras de santa Teresa y el estilo de vida y comunidad de las carmelitas descalzas.

   Estas hermanas se sintieron tan atraídas por el estilo carmelita de vivir que comentaron con la priora de su comunidad su intención de vivir de forma lo más parecida posible a este estilo en su propio convento, esperando la posibilidad de pasarse a las Descalzas. Ana de la Concepción, la superiora, se unió a ellas. Esto, no resultó del agrado del resto de la comunidad de Concepcionistas y se dificultaron las relaciones.

   Por entonces, D Luis de Ribera, admirador de santa Teresa, decidió fundar un convento de Descalzas allí, en Méjico. Pero como en España los superiores ya hemos visto que no eran partidarios de mandar Descalzas, no pudo realizar la fundación, pero como su interés era tan grande, dejó en su testamento las casas que tenia y una renta de mil ducados anuales y cuatro mil de una vez para dotar de lo necesario para el culto si se fundaba, nombrando ejecutor y albacea testamentario al jerónimo Fr. García de Mendoza, arzobispo de Méjico, que no hizo ningún intento de conseguir la fundación. A éste sucedió el dominico P. García de Guerra que tampoco se ocupó. Pero Llegó D. Juan de la Serna, que era también admirador de la santa, y en el viaje a Méjico, estuvo  en peligro de naufragio e hizo voto de que si salía con bien erigiría un convento de Carmelitas Descalzas en su destino, Méjico. Este, por fin, no lo dejó en olvido, y en cuanto desembarcó en Veracruz, pidió a Roma el permiso para la fundación y se hizo con las Constituciones de la Reforma. Sobre su interés en la fundación habló con el provincial P. Tomás de San Vicente que era contrario a ello, en contraposición de los carmelitas descalzos ya en Méjico que la deseaban.

   Mientras  tanto, ejecutaron el testamento de D. Luis, salvando las dificultades que ponían los herederos, y pidieron al arzobispo de Puebla dos carmelitas de la comunidad de ahí para iniciar la fundación. Pero el arzobispo de Puebla consideró que no podía renunciar a ninguna de ellas.

Puestas así las cosas, como en el Breve de Roma nombraba a dos religiosas de las del convento de la Concepción para fundadoras del nuevo carmelo, se contó con ellas. La casa se construyó con rapidez, y una vez concluida, se presentaron en el convento de Jesús María, las autoridades eclesiásticas y civiles con los padres Nicolás de san Alberto y Rodrigo de san Bernardo, que llevaba a prevención dos hábitos de carmelita descalza. El Arzobispo notificó el Breve a las señaladas en el documento, Inés de la Cruz y Mariana de la Encarnación. Renunciaron a su regla y vistieron los hábitos de carmelitas descalzas impuestos por el arzobispo.

La M. Inés se puso enferma y retrasó la inauguración, pero le aplicaron una reliquia de la santa y curó repentinamente. Todo listo se inauguró el 1 de marzo (según el documento, pero se cree que fue en octubre) de 1616 quedando bajo la advocación de San José, aunque las conocían como “las teresitas”.  Acabada la Misa, el Señor Arzobispo echo suertes de cómo se había de llamar el convento: Nuestra Señora del Monte Carmelo; San José; N. Madre Santa Teresa y el Ángel custodio; sacando por tres veces la suerte dijo: “todas mis gitanerías he hecho porque saliera por titular la Virgen del Monte Carmelo y no me ha valido porque todas tres veces ha sido el gran Patriarca San José y así será el titular de este convento”.

   Diez años después, regalaron a la  Comunidad la Imagen de Jesús Crucificado, conocido como: “Señor de Santa Teresa” el cual permaneció con la Comunidad hasta 1917, año en que le fue quitada por causa de las exclaustraciones, llevada un tiempo a la Catedral y posteriormente a la iglesia Sabatina; siendo devuelta en el año 1959 a nuestra Comunidad.

Una de las damas de la Virreina se quedó con las monjas y el señor Arzobispo le dio el hábito, llamándose Beatriz de Santiago. El convento se construyó en una de las casas de D. Luis que fue en su tiempo un templo azteca. Se encomendó la dirección espiritual del convento a los padres carmelitas descalzos. Las primeras hermanas fueron la Hª. Mariana de la Encarnación, la Hª. Inés de la Cruz, la Hª Beatriz de Santiago y la Hª Isabel de san Alberto.

   Cuando en 1657 se fundó un segundo convento en la ciudad de Méjico poniendo como titular a Santa Teresa, empezó a conocerse al de San José como santa Teresa la Antigua y el de santa Teresa como Santa Teresa la Nueva.

   El convento de San José se fundó bajo la obediencia de los Arzobispos de Méjico, aunque éstos lo habían puesto bajo la dirección de los descalzos. Pero creyéndolo más conveniente, las monjas pidieron reiteradas veces a Roma que les permitiera pasar de la jurisdicción de los Ordinarios a la de la Orden, pero los obispos se oponían a ello. Esto superó cualquier límite cuando llegó D. Mateo Caza de Bujería, que además de negarse al cambio, les quitó a los padres carmelitas de confesores y hasta les prohibió que comunicasen con ellos por escrito o por otro medio alguno. Incluso a una de las hermanas, puesta en trance de muerte, que pidió al Arzobispo que un hermano descalzo la atendiera para su consuelo espiritual, aquél se lo negó.

   Como no parecía que la situación fuera a resolverse, elevaron en 16 de agosto de 1657 un Memorial al rey, pidiéndole que les ayudase e hiciera cuanto pudiese. Esto llegó a oídos del arzobispo que se molestó mucho y se indispuso aún más con descalzos y descalzas.

Una de las primeras que cabe destacar fue la M. Catalina de Cristo, nacida en Sacagualpa. De padres mejicanos y abuelos españoles,.se crió en Tuxpa, donde su familia tenían su hacienda y trapiche de cañas y azúcar. Desde muy joven tuvo clara su vocación, y fue con una hermana suya a Méjico a procurar su ingreso en las carmelitas descalzas. Ambas tomaron el hábito el mismo día con los nombres de Catalina de Cristo y Francisca de San José. Los últimos años de su vida, padeció de reblandecimiento cerebral en tal forma, que debían de darle hasta la comida. Murió a fines del primer tercio del siglo XVII.

En el año 1913, llevaba ya el convento de san José cinco exclaustraciones desde Juárez. De nuevo tienen que salir en 1914. Se refugiaron en casa de su capellán D. Jesús Mier y Terán, hasta el 15 del mes siguiente que debieron distribuirse en varias casas por celebrarse al día siguiente el aniversario de la independencia de la República, día que eran frecuentes los desmanes. Como la revolución se alargaba y no podían seguir repartidas por casas particulares, decidieron comprar otra en la localidad de Guadalupe, ocupándola en 1924. En la persecución desencadenada con terrible violencia en 1926, el 14 de febrero tuvieron que volver a salir y refugiarse de nuevo en casas de familias amigas, porque habían comenzado los revolucionarios a saquear los conventos de Guadalupe. Hacia las siete de la tarde entraron a saco en el de las Descalzas, hasta el 18 de enero de 1930 que pudieron juntarse de nuevo en su convento.

Cuarto carmelo de la ciudad de Méjico:  Carmelo del Corazón Eucarístico de Jesús

 

   Se fundo en 1903 en el barrio del Angel, que ya se ha unido a la capital. En poco tiempo, con la revolución de Venustiano Carranza, empezaron los problemas.

El 20 de julio de 1914, fiesta de san Elías, la comunidad de carmelitas descalzas del Corazón eucarístico de Jesús (17 profesas y 1 novicia), en Méjico, a causa de la revolución de Carranza, se vio obligada por las amenazas que recibió a abandonar su convento y refugiarse temporalmente en casa de una familia que se ofreció a acogerlas. De forma que la Priora dispuso que se adelantase la comida y fueran saliendo en grupos pequeños.

Una señora, para que las religiosas pudieran hacer vida común les cedió un piso pero, presionada por la gente se disgustó con la comunidad, y a primeras horas de la tarde les requirió para que a las 5 hubiesen desalojado el piso. Ese mismo día cambiaban los Oficios de la Comunidad. La nueva priora contaba con 28 años y tuvieron que dispensarla los superiores para ocupar el cargo. Acudió a los superiores en demanda de ayuda para pasar la noche. No pudieron cenar, pues nada tenían y para comer al día siguiente tuvieron medio panecillo con algunos trozos de sardina en lata. Gracias Dios, esa tarde cuando iban a comenzar las vísperas, llegó una señora con una gran cesta de pan y algunas otras cosas, de forma que tuvieron cena y desayuno.

   El Vicario general, D. Antonio J. Paredes que estaba a cargo de la diócesis desde el destierro del arzobispo, y dio orden a D. Felipe Pineda, visitador de religiosas, para  que las llevase a la Delegación Apostólica que estaba vacía, y que fue saqueado tras la expulsión del obispo. Cuando no fue posible continuar en la Delegación apostólica, se trasladaron al colegio de los Maristas que habían sido expulsados también y en el tenían a su disposición tres habitaciones.

Estuvieron aquí hasta que el 13 de febrero fueron denunciadas a la policía, con una denuncia que incluía el número de religiosas que había, sus nombres y apellidos. En la recreación se presentaron varios agentes a comunicarles que quedaban presas por orden del gobierno, y no les dejaron salir. Al principio las trataron con mucha brusquedad, pero fueron suavizándose y aprovecharon las hermanas para sumir el Santísimo Sacramento.

Así estuvieron el viernes y el sábado. Y el domingo, la novicia pidió hacer los votos para unirse plenamente a su comunidad, puesto que ya estaba admitida en ella, y temiendo que su familia la reclamase. Y así emitió su profesión en la prisión.

Gracias a las gestiones de una mujer distinguida, que no temió arriesgarse a interceder por ellas, las liberaron y se las llevó a su casa hasta que pudieron repartirse por sus familias. De esta manera permanecieron hasta mayo. La recién profesa, fue reclamada por su familia. Su hermano pasó a recogerla, pero ella logró quedarse en casa de una tía, para estar cerca de la comunidad y seguir su suerte. En mayo, pudieron reunirse en una casita de la calle santa Teresa, donde aunque faltaba todo lo material, podían hacer vida en común.

Como la situación era tan difícil, el Vicario General hizo que se cerrasen todos los noviciados, pero la noticia no llegó a la comunidad y por ello la novicia hizo la profesión en la cárcel, pero a todos los efectos por tanto, seguía considerándosela novicia. El 12 de septiembre de 1915, el Sr. Paredes visitó a la comunidad y viéndola con el velo blanco preguntó la razón de no hacer la profesión y adquirir velo negro. Y al fin manifestó el deseo de imponerle él mismo el velo negro.

Allí permanecieron hasta el 27 de mayo de 1916 con relativa tranquilidad, incluso con exposición diaria del Santísimo Sacramento, según el privilegio concedido a la comunidad por San Pío X.

Pero el 27 de mayo de 1916 se presentaron y juez y varios soldados y se las llevaron al Palacio de Justicia. Comenzaron los interrogatorios y quedaron allí detenidas, al fin dejaron decidieron dejarlas en libertad a condición de que no volvieran a reunirse, con amenaza de pena de muerte si lo hacían, exigiendo la firma de cada religiosa y además debía cada una irse por separado obligando a la persona que se la llevase, bajo su responsabilidad, a prometer que no la dejaría reunir con las demás, con pena de muerte.

Algunos caballeros les ayudaron y el juez que no parece estuviera conforme, dimitió de su cargo diciendo que no quería volver a encontrarse en una situación similar.

  Estaban ya cansadas de tanto cambio de domicilio, y como reunirse de nuevo en Méjico era imposible y no se resignaban a renunciar a la vida de comunidad, buscaron otra solución.

Deciden venir a España

 

De esta manera quedó disuelta la comunidad. Pero la Priora no se conformaba, y pensó que viniendo a España podrían de nuevo reunirse en comunidad. La priora, M. María de Jesús Sacramentado, organizó el plan de irse a España. Le pidió al Marqués de Comillas, un hombre profundamente católico,  un pasaje gratis y se lo concedió para todas y en primera.  Como no era prudente embarcar todas a la vez, el 27 de septiembre de 1916 lo hicieron  la Priora, con cuatro hermanas más, en el vapor “Antonio López”, para ir viendo las posibilidades para hacer una fundación en la que poder vivir su vocación lo más adecuadamente posible. sin dinero y sin conocer a nadie. Y creyendo las familias que tenían todos sus bienes, puesto que como la persona que se los quitó era muy conocida, solamente le dijeron quien había sido a los superiores.

Llegaron a Barcelona con la preocupación de no conocer a nadie y no tener donde acudir. Pero su sorpresa fue grande cuando una vez en tierra oyeron una voz “Señorita Muñoz, Señorita Muñoz!”, que era el apellido de la priora. Y quien la llamaba un sacerdote que en Méjico había conocido mucho a la religiosa y a su familia. Se las llevó a su casa y al día siguiente la acogieron en las Reparadoras con las que estuvieron 2 semanas. Las Madres Reparadoras, lograron que las carmelitas descalzas francesas de San Pol de Mar (Gerona), la recibieran interinamente, durante 15 días, y les ayudaron con los hábitos y la ropa necesaria.

Desde allí, escribieron al P. Provincial de Cataluña, el P. Romualdo de Santa Catalina y al prior de Barcelona P. Rafael del niño Jesús, notificándoles su llegada.

Por entonces estaban en Barcelona el P. Bernardino de Jesús María Definidor General de la Orden y que luego sería Provincial de Aragón–Valencia, y que regresaba a Roma tras concluir la Visita a España que realizaba en nombre del P. General, y el P. Fernando de santa Teresa, Provincial de Valencia, su provincial, ya que la provincia de San Alberto de Méjico dependía de Valencia. El P. Bernardino, antes de irse les dio una limosna y las dejó a cargo del P. Fernando.

Los padres de Barcelona las acogieron con mucho cariño y realizaron cuantas gestiones fueron necesarias para que se quedasen en Barcelona, pero el Sr. Obispo de Barcelona, D Ramón Guillamet no quería admitirlas en la Diócesis. La Madres de allí las ayudaron en lo material, para que pudieran ir sosteniéndose.

El Provincial de Aragón-Valencia, P. Fernando de Santa Teresa, buscó algún convento de monjas de su provincia para alojarlas y las llevó a Caudiel, donde estuvieron trece meses.

Las hermanas de la comunidad que quedaron en Méjico escribían con la esperanza de unirse a las que ya estaban en España. La priora buscaba en las diócesis españolas una que las acogiera, mientras esperaban la ocasión de que vinieran. El P. provincial Fernando de santa Teresa colaboraba con ella, pero al no tener renta, las dificultades se multiplicaban. Como no se solucionaba, escribieron a las hermanas que todavía estaban en Méjico diciéndoles que vinieran si estaban dispuestas a repartirse por conventos diferentes. Cinco de ellas decidieron quedarse en Méjico y 8 se acogieron a la generosidad del Marqués de Comillas que sufragaba los gastos del desplazamiento. Así vinieron en total 13 monjas.

Las 8 que decidieron venir a España, embarcaron el 24 de noviembre de 1917 en Veracruz en el “Montevideo”.

Al llegar a Nueva York, por las dificultades de la guerra, el barco para lograr carbón se detuvo más de lo previsto. Las que estaban en España pedían que se retrasase la llegada por si podían encontrar la manera de permanecer juntas. Permanecieron en NY 2 meses. En este tiempo el obispo de Gerona, D. Francisco Más y Oliver, decidió admitir a la comunidad en su diócesis. Entonces, el vapor puedo continuar el viaje. El vicario general de la diócesis, encontró un lugar para ellas en Lloret de Mar, de donde él era natural.

El 30 de enero de 1918, salieron, hacia su nuevo destino en Lloret de Mar, las 5 hermanas mejicanas, con el P. Provincial y su secretario el P. Eufrasio de S. Luis Gonzaga, cargadas de lo necesario, gracias a la generosidad de las hermanas de Caudiel.

Pasaron por Valencia, donde las Carmelitas de San José les regalaron una custodia y las de Corpus Christi cosas necesarias para fundar. En los 2 días que estuvieron en san José, recibieron la visita de Elisa Arnau, que tenía una hermana carmelita en Valencia y otra en Caudiel, y que les presentó a D. Bernardo Asensi, Prefecto y Director espiritual del Seminario de Valencia, y que para la fundación fue enormemente importante.

El 3 de febrero, con los Padres, salieron y en Tarragona se les unió el H. Arsenio, el “Provincialito”. En Barcelona, se unieron, el Provincial, P. Romualdo de Sta. Catalina y el Prior de Barcelona, P. Rafael del Niño Jesús. Pararon en las hermanas de Arenys de Mar donde las esperaba el Vicario General, llegando a Lloret el 5 de febrero.

Mientras, con la ayuda de los hermanos, preparaban la casa que había sido depósito de pescado se quedaron en el chalet de Mercedes Corrons, Priora de la tercera Orden del carmen en Barcelona.

El 10 de febrero llegaron a Barcelona el resto de las hermanas. Y el 11 salieron para Lloret.

El Obispo de Gerona dijo la primera Misa y puso la clausura.

Como la comunidad no tenía sello, el P. Romualdo les hizo uno con la custodia sobre el escudo de la orden con la inscripción “Carmelitas descalzas Eucarísticas” creando confusiones con ello.

D. Bernardo Asensi, propuso a la comunidad la admisión de 2 dirigidas suyas. Ingresaron una en abril y la otra en noviembre de 1923. Siendo las primeras españolas de la comunidad. En Junio de 1925, hizo la primera de ellas su profesión temporal. Asistió su padre D. Ricardo Hernández, dirigido también de D. Bernardo.

Acababa de se elegida priora la Madre Mª del Carmen de Jesús-Hostia, y dejaba el cargo la Madre María de Jesús Sacramentado.

 Aunque la casa que habían conseguido en Lloret, les servía para poder llevar vida de comunidad, no reunía condiciones aceptables, de manera que ellas y los amigos y conocidos se pusieron a buscar un lugar en el que pudieran estar mejor.

Tras mucho averiguar se inclinaron por Manises. El 3 de diciembre de 1925, el Nuncio D. Federico Tedeschini autorizaba la fundación, y el P. Bernardino de Jesús María hizo las gestiones de Roma. El 15 de diciembre se trasladó la comunidad a casa de Dª Joaquina Andreu de Leal, y de ahí, acompañadas de D. Bernardo Asensi, salieron para Barcelona y Valencia.

Llegan a Manises ( el documento del vínculo es del Ayuntamiento de Manises)

 

Su padre, D. Ricardo Hernández, viendo las necesidades de la comunidad, propuso una fundación, y a finales de noviembre de 1925, quedó ya claramente delimitada la idea, aunque de momento sin punto fijo.

El P. General, Guillermo de S. Alberto, aprobó la idea.

D. Ricardo, junto con D. Bernardo y D. Luis Albert, iban buscando el sitio. Pensaron en Manises. Y sin decirle nada a la comunidad, encargaron a D. José Solé y Mercadé, auditor del tribunal de la Rota, que salía hacia Madrid, que gestionase la licencia para el traslado y la fundación de la comunidad en Manises. El 3 de diciembre, el nuncio Federico Tedeschini, firmaba la autorización.

La madre comunicó al provincial la respuesta del Nuncio, pero como estaba en Méjico, respondió el P. Plácido del Pilar, Vicario Provincial, que las esperarían en Benicasim.

La noche del 15 de diciembre la comunidad abandonó el convento de Lloret de Mar y pasó la noche en casa de Dª Joaquina Andreu de Leal. El 16, tras la Eucaristía en la parroquia fueron a comer al asilo de Nuestra Madre Sma. Gracia. De ahí a la estación de Blanes donde tomaron el tren de Francia hasta Barcelona.

D. Bernardo Asensi acompañó a la comunidad en todo este tiempo.

Tomaron el tren 11 religiosas, 7 que quedaban de las venidas de Méjico, 2 recién profesas y 2 postulantes.

En Barcelona, esperaban el P. Romualdo de santa Catalina y Rafael del niño Jesús, provincial y prior de Barcelona. Cenaron en el restaurante de la estación invitadas por Dª Angeles Martí Codolar.

El 17 a las 9 de la mañana, llegaron a Valencia, donde les esperaba D. Ricardo y su esposa, el cura de Manises, la familia de una religiosa de Valencia, y algunas personas más. El P. Rafael, insistió en pasar por la Basílica a saludar a la Virgen de los Desamparados y desde allí, a Manises.

En Manises fueron muy bien acogidas, el pueblo se encontraba en la calle para recibirlas y acompañarlas en la Eucaristía que celebraron simultáneamente en diversos altares, el párroco en el central y los P. Romualdo,  Rafael y D. Bernardo.

Fueron a desayunar a casa de D. Francisco Arenes y sus hermanas Salvadora y Concepción, a donde el Ayuntamiento con su alcalde, D. José Mª Martínez, fueron a saludarlas y a ponerse a su disposición para lo que necesitasen. La casa estaba enfrente de la que iba a servir de convento mientras durasen las obras de acondicionamiento del convento definitivo, y que era propiedad de Dª Salvadora Arenes.

El día 18, a primera hora dijo Misa D. Bernardo Asensi en un altar improvisado que había preparado la noche anterior, y dejó el Santísimo instalado.

El día 13 (20) de junio de 1926, el arzobispo, D. Prudencio Melo y Alcalde, bendijo y puso la primera piedra del nuevo convento, dirigidas las obras por D. Manuel Peris.

El 23 de octubre de 1927, se bendijeron las 2 campanas del nuevo convento llamándose la mayor “María del Carmen” (como la priora) y el segundillo “Dorotea”, nombre de la esposa de D. Ricardo. Fueron los padrinos, la sra. Dª Emilia Rodrigo de Suria, la srta. Sacramento Vilar y los sres.  D. Francisco y D. José Arenes. Se colocaron las campanas en su sitio y repicaron largo tiempo.

La bendición del convento y el traslado estaba previsto para el 24, fiesta de san Rafael Arcángel a las 4 de la tarde. La bendición, corrió a cargo de D. Prudencio Melo, que pidió las llaves a D. Ricardo Hernández y en su nombre se las entregóa a la Priora. Asistieron al Sr. Arzobispo el visitador de religiosas, D. Julio Cabanes Andrés y el Provincial P. Bernardino de Jesús María. A su lado estaban los Canónigos Sanchermés y Gimeno y el familiar del obispo, D. Juan Benavent. Asistió el obispo de Ciudad Real, Dr. Estenaga, el Vicario general de la Diócesis, D. Miguel Payá y el Rector del Seminario, D. Nicolás David. Los Definidores generales de la Orden, los Frailes de la comunidad de Valencia y los niños del Colegio Teresiano. Delegados de otras ordenes, el diputado provincial Sr. Prosper. El Sr. Cura Párroco de Manises, D. Vicente Aviñó Catalá; el Ayuntamiento con el Alcalde y los constructores Peris, padre e hijo.

Al día siguiente, 25, el Sr. Arzobispo vino a celebrar y a saludar a la comunidad. A las 8’30, dijo la segunda Misa D. Pascual Sanchis, Capellán del convento, y a las 10 fue la Misa de fiesta por D. Salvador Hernández, Prefecto del Seminario de Valencia, e hijo de D. Ricardo Hernández. Predicó el P. Rafael del niño Jesús. A las 5 de la tarde hubo Hora Santa de acción de gracias al Corazón Eucarístico de Jesús, cantando el Trisagio los niños del coro del Colegio Teresiano de Valencia, dirigido por el P. Estanislao de Jesús y celebrando el P. Rigoberto María de la Santísima Trinidad, Prior de Valencia.

Todos estos días estuvimos muy acompañadas por los Padres no sólo de la provincia sino de la Orden.

La comunidad tuvo gran número de vocaciones, la primera fue la de Salvadora Arenes, viuda de 68 años, que entró un par de meses antes del traslado al convento definitivo.

Cuando se declaró la guerra civil, en principio el ser mejicanas atenuó algo los problemas que tenían las religiosas. Pero pese a esto a las 10 de la mañana del 17 de julio de 1936, se presentó una comisión de milicianos exigiendo entrar en clausura para hacer un registro y ver si tenían armas. Esa misma tarde, recibieron la orden de evacuar el convento pues lo necesitaban los milicianos. Avisaron rápidamente a las familias de las monjas para que pasaran lo más pronto posible dispuestas a llevarse a alguna más si no había donde ir. A las 11 de la noche salieron las últimas. Algunas estuvieron en casas particulares de Manises hasta que el Comité Revolucionario ordenó que saliesen del pueblo inmediatamente las que no eran naturales de allí.

   Tras hablar con el Presidente del Comité, la Priora y alguna otra de las mejicanas, se fueron a ver al cónsul para tratar de averiguar que era lo que debían hacer. Antes de hablar con el cónsul permanecieron unas horas detenidas , pasando un rato harto desagradable. Por fin pudieron entrevistarse con el cónsul, que se portó muy bien con ellas. Logró que les devolvieran el dinero que les habían robado y, de momento, les obtuvo un pase de libre circulación. De diez a once de la noche salieron de Valencia y una hora después entraban en Manises. Desde la casa en la que estaban refugiadas, veían el convento y los desastres que llevaron a cabo en él.

   Por fin, el cónsul les avisó que debían embarcar para Italia, y el  24 de agosto de 1936, a las 11 de la noche embarcaron. Un representante del cónsul las acompañó hasta dejarlas en un convento de la Orden. Desembarcaron en Marsella y salieron en tren para Turín, donde llegaron el 27. Aquí permanecieron, hospedadas en nuestras Terciarias, hasta el 18 de septiembre, que salieron para las Carmelitas Descalzas de Milán.

En cuanto la situación de la guerra lo permitió, la madre Priora, con la Supriora y otra de las monjas, regresó a España, para volver a Manises tan pronto como fuera posible. Mientras se dieron las circunstancias estuvieron por algún tiempo en las Descalzas de San Joaquín de Tarazona.

   Al regresar lo hallaron destrozado, sin puertas, ni ventanas, ni celdas. La iglesia, quemados altares e imágenes, había servido de cuartel y estaba convertido en un estable por lo sucia. Antes de entrar en clausura, las religiosas lo arreglaron todo lo mejor que se pudo y reanudaron de nuevo la vida de comunidad. Muy contentas con sus hermanas de Milán, se agregaron a ellas definitivamente las dos mejicanas que habían quedado: María Amada y María, ambas de Jesús Sacramentado.

   Durante la guerra falleció en la casa paterna, la religiosa de este convento, hermana María de la Paz.

Sale la fundación desde Manises hacia Rótova

 

   El 2 de enero de 1948, salen del Carmelo del Corazón Eucarístico de Jesús de  Manises hacia Rótova, cerca de Gandía, siete religiosas a fundar otro monasterio. Estas siete, eran: María Josefa de Jesús (Petra Alfaro Leal) como priora de la comunidad, María Trinidad de S. José (Brígida Alfaro Leal), María Teresa de Jesús (Boluda Guillén), Ana María del Padre Celestial (Josefa Mompó Delgado de Molina), María Amada de Jesús (Enriqueta Sáez Patiño), como profesas solemnes y Luz María de la Stma. Trinidad (Rosario de Luxán Buceta) y María del Espíritu Santo (Bonín Aguiló) como profesas de votos simples. A la salida se les unió una aspirante, Consuelo Cabadés Adell, llegada de Vinaroz (Castellón).

   Acompañadas por un delegado del Arzobispo, D. Marcelino Olaechea, se dirigieron a su destino temporal mientras encontraban el lugar para crear el convento definitivo, un antiguo monasterio de frailes jerónimos, propiedad de la señora Baronesa de Alacuás, Dª Mª Jesús Trenor, que cedió a la comunidad parte del edificio por un periodo de 5 años. Estaba situado en el término municipal de Rótova, a 10 km de Gandía, entre Rótova y Alfahuir, sitio privilegiado para favorecer nuestra vida. Edificio del s. XVI, en la vega y con un pinar. En estos momento difíciles Ayudaron mucho a la comunidad en estos momentos los señores de Boluda, padres de la supriora María Teresa de Jesús, D. Carlos Hernández y las familias de las religiosas. 

   El día 2, el P. Luis Colomer, franciscano, delegado del señor arzobispo, por la mañana celebró la Misa y dejó la reserva del Santísimo Sacramento, para que cuando llegasen las religiosas, ya encontrasen al Señor. De esta manera, la capilla quedó instalada en la que fuera en otro tiempo "Sala Capitular". 

   El día 3, el P. Colomer en presencia de las Capitulares nombró como Priora y Maestra de Novicias a la madre María Josefa, como supriora y 1ª clavaria a la madre Mª Teresa, 2ª clavaria y ayudante del noviciado a la madre Trinidad y 3ª clavaria a la madre Ana María. El resto de oficios quedó: tornera, la Hª  María, Provisora Hª Mª Amada, Ropera la Hª Luz Mª, y enfermera y sacristana Hª Ana Mª. 

   La clausura, a causa de las obras, no se puso hasta septiembre.

   El día 20 de febrero, realizó la profesión solemne la Hª María del Espíritu Santo (Bonnin) y el 11 de mayo la Hª Luz Mª (Luxán). El 23 de septiembre tomó el hábito Consuelo Cabadés, de manos de D. Vicente Enrique Tarancón, obispo de Solsona.

   El 2 de enero de 1949, entraba la primera postulante, Rosario Mañó Mayor de Gandía, la que fue Hermana Juana Teresa de la Sagrada Familia. Y el 24 de septiembre hizo la profesión simple la Hª Consuelo, celebrada por el P. Rigoberto de la Santísima Trinidad.

   En febrero de 1950, nos visitó el P. Rigoberto con las hemanas Mª del Carmen y Teresa-María que salieron con motivo de una fundación en Altea. Y esta año falleció la hermana  Luz María de la Santísima Trinidad, el 18 de septiembre, con treinta y cuatro años de edad y siete de religiosa, afectada por una enfermedad intestinal, de la que fue intervenida quirúrgicamente pero que no superó. Se la enterró en el cementerio de Alfahuir hasta tener la fundación definitiva y trasladarla.

   El 7 de enero de 1951 entró Mª Luz Maset que sería de Jesús, María y José. El día 2 de febrero hizo la profesión simple la Hª Juana Teresa.

   El 10 de abril entró Mª Amelia Fé y OLivares, de Jaen, que pasó a llamarse Inocencia del Inmaculado Corazón de María.

   El 8 de junio, tomó el hábito la Hª Mª Luz.

   El 6 de enero de 1952 tomó el hábito la Hª Inocencia y el 10 de diciembre hizo los votos temporales Mª Luz.

   También de la comunidad de Manises salió otra fundación a Buñol, que se inauguró con la titularidad de la Santísima Trinidad el 18 de marzo de 1951. Esta fundación fue autorizada por D. Marcelino Olaechea el 16 de febrero de ese año.

Buscando un lugar adecuado para la fundación:  La cenicienta

   En 1953, se cumplieron 5 años de estancia de la comunidad en San Jerónimo y había que dejar el lugar. De momento no se veía solución al problema del alojamiento, pero la confianza en la Providencia nunca defrauda,  y proporcionó a la comunidad un lugar. En Puzol, a 18 km de Valencia, en la carretera general Valencia-Barcelona.

   La cosa fue así. Había salido la madre Trinidad para asistir a su madre moribunda y al día siguiente del fallecimiento de la misma, se presentó en su domicilio la señorita Felisa acompañada de doña Julia Benter y le hablaron de un antiguo asilo en el pueblo de Puzol, propiedad de la srta. Rosario Climent que deseaba destinarlo a un convento de religiosas.

   Puestas al habla con la propietaria, la madre Trinidad visitó el lugar acompañada por el provincial, padre Rigoberto de la Santísima Trinidad, y tras llegar a un acuerdo se decidió el traslado para el 26 de enero.     

Traslado de San Jerónimo a Puzol: traslado

 El día 26 de enero, en 4 coches y un camión remolque, a las 5 de la tarde llegaron las hermanas a Puzol, donde la campana se puso a replicar con alegría para recibirlas. Las esperaban el P. Rigoberto, Antonio-María y otros carmelitas, junto con las autoridades, el clero y mucha gente. Fueron acomodando la casa y el día 2 de febrero hizo la profesión solemne la Hª Consuelo. El 8 de septiembre se estableció la clausura. El 7 por la tarde los chicos del pueblo trasladaron una imagen de la Virgen del Carmen a la iglesia parroquial de los Santos Juanes, con las monjas con capa y velo y nuestros colegiales que vinieron de Valencia para acompañar a las hermanas. Presidió la celebración el P. José Vicente. Al fin volvió la virgen al convento y quedó establecida la clausura y la normalidad en la vida conventual.

   El día 19 de marzo, había realizado su profesión temporal la Hª Inocencia. En noviembre ingresó Manuela Royo Tena tomando el nombre de María de Jesús.

   El 8 de julio, tuvieron lugar las primeras elecciones en la comunidad resultando Priora la M. Mª Teresa, supriora y 1ª clavaria la M. Trinidad, 2ª clavaria la M. Mª Josefa y 3ª la M. María del Espíritu Santo.

   El 5 de octubre de 1954 entró Mª Montserrat Castellví Cortés, de Barcelona que se llamaría Montserrat de la Trinidad, y el 11 de diciembre Emilia Gadea Sáez, de Minglanilla (Cuenca) con el nombre de Piedad de Cristo.

   El 12 de enero de 1955, entró Mª Manuela Belber Martínez, de Almería, pasando a llamarse María del Sagrado Corazón. 

   El 12 de octubre de 1956, ingresó Rosa Mª Brull Braut de Ripollet (Barcelona).

   En 1957, nuevas elecciones. Priora M. Trinidad y supriora M. Consuelo.

   En 1958, pensando en un trabajo para la comunidad que hiciera posible compaginar la rentabilidad económica y mantener nuestra forma de vida, se adquirió una tricotosa. El 19 de mayo Montserrat hizo la profesión solemne, y el 31 de octubre María del Sagrado Corazón.

 

   El año 1964, la comunidad determinó la construcción de un nuevo convento, ya que la casa que ocupaba el actual había perdido las condiciones mínimas necesarias para poder llevar a cabo la vida de acuerdo con las necesidades de nuestra vocación específica. En ese momento se comenzó la búsqueda de el lugar adecuado.