D. Ricardo Hernández D. Bernardo Asensi

Pedro de los Apóstoles

 

El carmelita Pedro de los Apóstoles, que había convivido con San Juan de la Cruz en España, fue el confesor y el iniciador en las enseñanzas de la comunidad teresiana.

  Uno de los religiosos que más trabajaron por el establecimiento de la reforma en Méjico fue el veterano padre Fr. Pedro de los Apóstoles, curtido en los padecimientos desde la frustrada expedición al Congo en que, como sabemos, tomó parte. Natural de Bonilla (Cuenca) y profeso de Pastrana, vivió siempre con aquel celo y fervor primitivos que tanto distinguió a este santo noviciado. Incansable en el aumento de la gloria de Dios, se esforzó siempre en dilatarla más y más en el Nuevo Mundo, donde se le ofreció un campo magnífico a su celo y fervor apostólico. Gobernó 3 veces la floreciente provincia de san Alberto, y murió lleno de méritos en 1630, a los setenta y siete años de edad y cincuenta y cinco de vida religiosa.

 Vino de la Observancia a la Descalcez.

A comienzos de marzo de 1572, Catalina Cardona, con los permisos necesarios salió de Madrid con los padres Ambrosio Mariano de san Benito, Pedro de los Apóstoles y el hermano Juan de la Miseria, a tomar posesión del lugar y comenzar la construcción del convento de Pastrana. Estuvo un tiempo al frente del noviciado el P. Pedro sucediendo al P. Gabriel de la Asunción y fue substituido (por el P. Angel de san Gabriel??) para pasar de vicario a La Roda.

  En el capítulo de Lisboa, el P. Gracián, el 10 de mayo de 1585, solicitó fundar en el Nuevo Mundo. Se aceptó y se decidieron por iniciar en Méjico. La expedición salió el 11 de julio de 1585, y desembarcaron en Veracruz el 27 de septiembre.

 Tras el envio al Congo de nuestros primeros misioneros, los 5 fallecidos, se prepara otra expedición entre los cuales se encuentra Fr. Pedro de los Apóstoles. Partieron para Angola en 1583, el barco era lento y se rezagó de la flota con la que iba. Le asaltaron los piratas ingleses. Se ensañaron con los misioneros y pensaron matarlos, más al ver que el morir de esa forma les alegraba, decidieron no darles esa alegría. Les abandonaron en una isla medio muertos, que resultó ser la isla Santiago. Lograron llegar a la capital de ella y el obispo les atendió. Uno de ellos murió pese a la atenciones y los demás volvieron a la península en junio de 1583

RICARDO HERNANDEZ

 

Hombre de gran talento para los negocios y capacidad de trabajo, con un pequeño patrimonio fue haciéndose una cómoda situación económica.Siendo joven se sintió llamado por Dios a una vida de mayor perfección y buscó combinar su vida de comerciante con un mayor interés en desarrollar más intensamente las virtudes interiores y exteriores. Vivió una vida de intensa caridad y oración sin abandonar sus deberes de esposo y padre.

Fue devotísimo de la Orden del Carmen. Dios le probó con muchas y dolorosas enfermedades, que acrisolaron la virtud de este su fiel siervo. Tuvo grandes sufrimientos por las enfermedades que padecía y por las pérdidas de sus hijos. Desde 1915, no podía andar por sí mismo sino con un cochecito. Los padres nuestros iban a celebrar Misa en su oratorio mientras no pudo salir a oírla fuera. Los dos últimos años perdió la vista y presentó una patología cardiaca.

Una de sus alegrías fue que uno de sus hijos fuera sacerdote y una hija carmelita descalza de nuestra comunidad.

D. Ricardo Hernández no sobrevivió muchos años a la fundación de este convento. Tras 3 meses postrado en cama murió en Valencia, la madrugada del 5 de junio de 1932.

BERNARDO ASENSI

El Siervo de Dios Bernardo Asensi Cubells nació en Algemesí el 16 de abril de 1889 y allí murió el 7 de agosto de 1962.

Fue durante muchos años director espiritual del Seminario Metropolitano y canónigo de la Catedral.

Fundó en Algemesí las Misioneras de la Divina Providencia.

Fue promotor de la causa de beatificación de la beata Josefa Naval Girbés y autor de su biografía.

Una pléyade de sacerdotes se formó espiritualmente bajo su dirección y la archidiócesis valentina le es deudora de su entrega a este ministerio, pues fue además, casi desde su ordenación sacerdotal, director de la Obra de los Santos Ejercicios, en los que se le consideró como consumado maestro y experto director de almas, siendo mucho el bien que hizo. También trabajó en la promoción de la Acción Católica en la archidiócesis valentina y destacó como predicador y director de ejercicios incluso fuera de Valencia.

Su causa es promovida y financiada por diversas instituciones diocesanas (Catedral, Seminario, etc.) y parroquiales de Algemesí y por congregaciones religiosas que él fundó.

En julio de 1998 fue entregada en Roma la documentación sellada del proceso de beatificación de don Bernardo Asensi Cubells. De esta causa se ha hecho cargo la postuladora, Doctora Silvia Correale.

Pascual de Luxán y Zabay

24 de octubre de 2006

La presa de Proserpina, de indudable origen romano aunque de fecha de construcción todavía imprecisa, lleva casi dos mil años reteniendo las aguas del arroyo de Las Pardillas y parcialmente la de Las Adelfas, subafluentes del Guadiana por margen derecha a través del río Aljucén.

Todos los autores que has estudiado la obra la relacionan con el urbanismo romano de Mérida, aunque no suelen coincidir en su fecha de construcción, que unos sitúan en el siglo I a. C., llevándola otros hasta los primeros siglos de nuestra era.

La fundación de la colonia Augusta Emerita se sitúa en el año 25 a. C. y por estos años debió plantearse por primera vez la necesidad de asegurar el abastecimiento de agua a la ciudad, cuya demanda previsiblemente creció con el tiempo según aumentaba la población.

Suele admitirse –aunque no es opinión reconocida por todos- que el primer abastecimiento a Mérida, más allá de la utilización directa de los variables caudales del Guadiana, fue el que tomaba de algunos manantiales en las inmediaciones del lugar donde posteriormente se levantaría la presa de Cornalvo. Desde allí el agua se conducía por un largo canal, trazado por margen izquierda del río Albarregas, que entraba en la ciudad por el Sureste.

Más tarde se construirían nuevas tomas en los arroyos y manaderos de Rabo de Buey, situados unos cuatro kilómetros al Norte de Mérida, al pie de la sierra de Carija. El correspondiente canal entraba en Mérida después de cruzar el río Albarregas por medio de un acueducto que hoy se llama San Lázaro. Con posterioridad se elevaría la presa de Cornalvo para asegurar caudales mayores y más continuos en el primer canal.

Por último se recurriría al embalse de Proserpina desde donde se trazó una nueva conducción que al llegar a Mérida salvaba también el río Albarregas por otro gran acueducto como es el de Los Milagros.

La traza de este canal se puede seguir en casi todo su recorrido, pues son bastante numerosos los restos que se conservan, en especial los estribos de distintos acueductos que libraban barrancos de orden menor en torno a la sierra de Carija o un túnel recientemente descubierto que se abre en los granitos a un kilómetro aproximadamente de la presa. Sin embargo, hasta el momento no se ha establecido con seguridad la ubicación exacta de la correspondiente toma, ya que la traza del canal no ha podido localizarse en los quinientos metros, más o menos, inmediatos a la presa de Proserpina. A pesar de ello, parece evidente la relación entre la presa y el acueducto de Los Milagros. De ahí que, como esta última obra se ha datado en el siglo II de nuestra era –épocas de Adriano o Trajano- resultaría lógico establecer una fecha similar para la construcción de la presa de Proserpina. No obstante, hay quien adelanta su construcción hasta los años de la fundación de Mérida.

Estas lógicas disparidades, derivadas de la escasa información disponible, quizá puedan corregirse, al menos en parte, a raíz de nuevos datos que están facilitando las obras de rehabilitación del embalse.

En cualquier caso es de señalar que la presa de Proserpina ha debido sufrir bastantes deterioros a lo largo del tiempo, ya que hay referencias documentales de algunas reparaciones. Muy importante debió ser la de principios del siglo XVII, citada por Moreno de Vargas: “Este muro y sus torres se aderezaron el año del Señor de 1617 con el cuidado de Felipe de Albornoz, caballero del hábito de Santiago… y el muro quedó tan lucido y fuerte que algunos le juzgan por mejor edificio que el romano”. No es, sin embargo, la única, pues se volvió a restaurar la obra en 1689 y 1791, por lo menos.

A principios de nuestro siglo el estado de la presa era de franco deterioro, lo que dio lugar a un proyecto de rehabilitación, suscrito por el ingeniero Pascual de Luxán y Zabay, de la entonces llamada División Hidráulica del Guadiana. La obra no se llevó a cabo, pero el proyecto sirvió de base a otro posterior (1933), firmado por José de Castro, al que siguió, tres años después, uno definitivo de Raúl Celestino, que no se realizó hasta 1941. Esta restauración, a la que hay que añadir dos campañas de inyecciones en el cuerpo de presa (1944/45 y 1970), dejó la obra en su estado actual, ya que las labores de rehabilitación iniciadas por la Confederación del Guadiana no han supuesto modificaciones significativas sobre la estructura.