Por ello, por todo, la humanidad sigue necesitando -y cada vez más- del servicio incondicional de los sacerdotes, de los consagrados y de los seglares militantes y comprometidos. La vocación es un don, sí, para la Iglesia porque lo es para la humanidad.
Necesitamos hombres y mujeres que den, desde Jesucristo, lo mejor de sí mismos a favor de los demás. Hombres y mujeres que sean sus manos, sus pies, su corazón, su voz. Qué sean sus manos que acojan y bendigan; sus pies que corran veloces hacia los urgencias y menesteres del prójimo; su corazón que ama y perdona; sus brazos siempre dispuestos a la labor; su voz -voz de los sin voz- que proclama con la vida y con el ejemplo los caminos de la verdadera felicidad. Nada merece más la pena en esta vida que escuchar la voz de Jesucristo y seguirla con fidelidad.

(Benedicto XVI)

"Nuestro principal quehacer en el Carmelo es el de conversar con Dios en todas nuestras acciones"

(San Rafael Kalinowski, ocd)

"Para las carmelitas, en sus condiciones de vida cotidiana, no existe otra posibilidad de responder al amor de Dios si no es cumpliendo con sus obligaciones diarias, hasta las más pequeñas, con fidelidad; todos los pequeños sacrificios, que exigen de un espíritu vital la estructuración de los días y de toda la vida, hasta en sus detalles más pequeños, y esto llevado con alegría día a día y año a año; todas las renuncias que exige la convivencia constante con personas totalmente distintas, con una sonrisa de amor; no dejando escapar ninguna ocasión de servir a los demás con amor. A todo ello hay que añadir, finalmente, lo que el Señor pide a cada a una como sacrificio personal.”

(Edith Stein, “Sobre la historia y el espíritu del Carmelo”


"... Cayendo el alma en la cuenta ...

  • de lo que está obligada a hacer;
  • viendo que la vida es breve,
  • la senda de la vida eterna estrecha;
  • que el justo apenas se salva,
  • que las cosas del mundo son vanas y engañosas,
  • que todo se acaba y falta, como el agua que corre;
  • el tiempo incierto,
  • la cuenta estrecha,
  • la perdición muy fácil,
  • la salvación muy dificultosa.

Conociendo, por otra parte,

  • la gran deuda que a Dios debe en haberla criado solamente para sí, por lo cual le debe el servicio de toda su vida;
  • y en haberla redimido solamente por sí mismo, por lo cual le debe todo el resto y correspondencia del amor de su voluntad,
  • y otros mil beneficios en que se conoce obligada a Dios desde antes que naciese;
  • y que gran parte de su vida se ha ido en el aire  
  • sin dilatar un día ni una hora

  • con ansia y gemido salido del corazón,

  • herida ya del amor de Dios,

comienza a invocar a su Amado, y dice: ... "

(Cantico Espiritual B, san Juan de la Cruz)


y ten en cuenta que...

... si te decides a seguir al Señor, prepárate para la prueba,

sabiendo que solo el amor te dará la fuerza...

...pero qué cosa que vale no cuesta algo!!!