TEXTOS
PROPUESTOS
I.-
Infancia
Fui una alumna muy aplicada, Mis asignaturas favoritas eran alemán
e historia. Nada más comenzar el curso devoraba el nuevo libro de lectura
y el de historia. Muy de mañana me ponía a leer mientras mi madre me
peinaba. Escribir composiciones constituía un placer para mí, en ellas
podía emplear algo de las cosas interiores que me preocupaban. No tenía
ninguna timidez en comunicárselas a los maestros. Pero en cambio, no me
gustaba nada el que se leyesen en casa y menos mostrárselas a los amigos
que venían de visita y a los que se les había dicho algo de mis
progresos.
Autobiografía. Vida de una familia judía.
II.-
Estudios universitarios en Gotinga
1.- El motivo por el que yo había venido a Gotinga había sido la
Filosofía, y a ella quería dedicar la mayor parte de mi tiempo. Pero no
podía abandonar las otras disciplinas. Dado que no había proyectado más
que un semestre de estancia allí, no quería desperdiciar la ocasión de
conocer a otros germanistas e historiadores, distintos de los de Breslau.
Autobiografía. Vida de una familia judía
2.-
Ahora había llegado el momento del paso decisivo: fui a ver a Husserl, y
le pedí un tema para la tesis doctoral. “¿Está usted ya tan
adelantada?”, me preguntó sorprendido. Estaba acostumbrado a que se
asistiese a sus clases durante años antes de atreverse a comenzar un
trabajo personal. De todos modos, no me disuadió. Me presentó con toda
claridad las dificultades. Sus exigencias para un trabajo de doctorado
eran muchas. Calculaba que necesitaría unos tres años. También me dijo
que si yo tenía el proyecto de hacer el examen de estado, entonces me
aconsejaba decididamente que lo hiciera antes del doctorado, pues de no
hacerlo así, me iba a distraer demasiado en las otras materias, ya que
era su firme criterio el que se hiciera algo importante en alguna
especialidad científica. Que no servía para nada dedicarse solo a la
filosofía, y que se necesitaban sólidos fundamentos y estar
familiarizados con los métodos de las otras ciencias.
Autobiografía. Vida de una familia judía
3.-
Realmente fue una liberación cuando mi madre me envió a la cama para
dormir tras una noche de viaje. Pero, claro, el sueño no me venía.
Estaba en una tensión febril, aunque contemplaba las cosas con gran
claridad y decisión. “Ahora yo no tengo una vida propia”, me dije a mí
misma. “Todas mis energías están al servicio del gran acontecimiento.
Cuando termine la guerra (1ª guerra mundial), si es que vivo todavía,
podré pensar de nuevo en mis asuntos personales.
Autobiografía. Vida de una familia judía
CARTAS
1.-
A su hermana Erna Stein
(Friburgo,
23 de julio de 1.918)
Mi querida Erna:
A veces tengo la sensación de que todos vosotros me sobrevaloráis
en exceso, lo que hace que me sienta muy avergonzada. No soy una santa y
tengo mis horas bajas como cualquier otro. Por otra parte, creo que no es
indispensable para un santo renunciar a todos los deseos y esperanzas y a
todas las alegrías del mundo. Todo lo contrario: estamos en el mundo para
vivir, y todo lo bello que hay en él hay que tomarlo con agradecimiento.
Únicamente que no hay que desesperarse si las cosas salen de manera
distinta a como uno había pensado. En ese caso, hay que pensar en aquello
que aún le queda a uno, y también que aquí estamos solo de visita y que
todo aquello que tanto oprime a uno ahora, al final no es tan importante o
tiene un significado totalmente distinto al que se puede reconocer ahora.
2.-
A la hna.Calista (dominica de Sta. Magdalena)
(Espira
12 de febrero de 1.928)
En el tiempo inmediatamente anterior a mi conversión y después,
durante un cierto período, llegué a pensar que llevar una vida religiosa
significaría dejar de lado todo lo terreno y vivir teniendo el
pensamiento única y exclusivamente en cosas divinas. Pero, poco a poco,
he comprendido que en este mundo se nos exige otra cosa, y que incluso en
la vida más contemplativa no debe cortarse la relación con el mundo;
creo, incluso, que cuanto más profundamente alguien está metido en Dios,
tanto más debe, en este sentido, “salir de sí mismo”, (alusión al
“éxtasis” tratado por el Pseudo Dionisio en su obra Los nombres
divinos) es decir, adentrarse en el mundo para comunicarle la vida divina.
3.-
A Hedwig Conrad- Martius
(Münster.
13 de noviembre de 1.932)
Mi querida Hatti:
Le estoy muy agradecida por su artículo; no solo porque me ha
parecido muy esclarecedor, sino porque en él he visto claramente, una vez
más, qué es en verdad, filosofar y cuáles son mis límites. Este
conocimiento de los propios límites ha hecho en mí grandes progresos en
los últimos meses. No sé si se acuerda de que hace años ya me dijo
usted algo de esto, o sea, sobre la falta de este conocimiento y sobre la
demasiada ingenua confianza en sí misma. Entonces no entendí mucho lo
que quería decir. Normalmente, semejante crítica se comprende cuando
surge una luz interior que nos la hace ver.
4.-
A la hna. Adelgundis (benedictina, alumna de Husserl) (Colonia-Lindental,
23 de marzo de 1.938)
He estado siempre muy lejos de pensar que la misericordia de Dios
se redujese a las fronteras de la Iglesia visible. Dios es la verdad.
Quien busca la verdad busca a Dios, sea de ello consciente o no.
5.- A la madre priora de Echt
(Westerbork,
4/5 de agosto de 1.942)
Queridas Madre y hermanas:
Esta noche hemos salido de la estación de paso Amersfoort y hemos
llegado aquí temprano. Hemos sido recibidas muy amigablemente. Se quiere
hacer todo para librarnos o, al menos, para que podamos quedarnos aquí.
Todos los católicos están juntos y aquí, en el dormitorio todas las
religiosas (2 trapenses, 1 dominica, Ruth, Alice, Dr. Meirowsky, entre
otros). También están con nosotras dos padres trapenses de Tilburg.
(…)
Estamos completamente tranquilas y contentas. Naturalmente, hasta
la fecha sin misa y sin comunión; quizás más tarde sea posible. Ahora
nos es dado experimentar un poco cómo se puede vivir sostenidas
interiormente. Entrañables saludos a todas. Escribiremos pronto otra vez.
OBRAS
1.-
Dios quiere dejarse encontrar por quienes le buscan. Por principio quiere
ser buscado: esto explica el hecho de que la revelación natural no sea
formalmente clara ni unívoca, sino un incentivo para la búsqueda. (…)
Creer es ya un hallar y le corresponde un dejarse-hallar; no en el sentido
de que Dios nos dice algo sobre sí a través de su palabra, sino que él
mismo se deja encontrar mediante ella.
Caminos del conocimiento de Dios
2.-
Quiera ella (refiriéndose a Santa Teresa de Jesús) enviarnos su bendición
para que al menos este pequeño escrito sobre su vida y obras ilumine algo
de su espíritu y lo contagie en el corazón de los lectores; y que
despierte el deseo de conocerla más cercanamente en las fuentes, en el
rico tesoro de sus propios escritos; y quien aprenda a beber de estas
fuentes, no se cansará de recoger allí de nuevo el ánimo y la fuerza.
Amor con amor. Vida y obra de Santa Teresa de Jesús
3.-
El “¡Hágase tu voluntad!” en todo su contenido tiene que ser el hilo
conductor de toda vida cristiana. Tiene que regular el curso del día, de
la mañana a la noche, el pasar de los años y la vida entera. Ésta será
entonces la única preocupación del cristiano. Todos los demás cuidados
los toma el Señor sobre sí.
El misterio de la Navidad (conferencia ofrecida el 13 de abril
1.931 a la delegación de la Asociación católica universitaria)
4.-
Pertenecer y servir a Dios por libre donación de amor constituye no solo
la vocación de algunos elegidos, sino de todo cristiano, consagrado o no
consagrado, hombre o mujer: cada cual está llamado al seguimiento de
Cristo. Cuanto más avance en este camino, tanto más será semejante a
Cristo y, puesto que Cristo encarna el ideal de la perfección humana, en
la que ya no existen unilateralidades ni imperfecciones ni debilidades,
uniendo en lo humano los rasgos de la naturaleza masculina y femenina, los
seguidores fieles a él llegan a estar cada vez más elevados por encima
de los límites de la naturaleza. (…) Así, el seguimiento de Cristo
conduce al desarrollo de la vocación humana originaria, la de ser en sí
imagen de Dios.
Vocación del hombre y de la mujer según el orden de la naturaleza y de la gracia. (Conferencia ofrecida el 30 octubre de
1.931)
5.-
Dios creó al hombre a su imagen: pero nuevamente es solo él quien puede
ver en plenitud esta imagen. (…) Debemos asimilar en nosotros de esta
imagen tanto como podamos, para que se transforme en forma interior y nos
forme desde dentro. También, debemos en la medida de nuestras fuerzas,
tratar de comprendernos a nosotros mismos y aquello para lo que hemos sido
creados, y también a los otros cuya formación nos ha sido confiada. Pero
nunca alcanzaremos la posesión de un conocimiento perfecto, ni para
nosotros mismos ni para los otros, y por eso, nunca estaremos en
condiciones de poder acometer nuestra labor de formación, en nosotros
mismos o en los otros, con infalible seguridad. Solo vamos seguros, si nos
ponemos incondicionalmente en las manos de Aquél que es el único que
sabe lo que tiene que ser de nosotros, y que es el único que tiene el
poder de conducirnos a esta meta – con la condición de que tengamos
buena voluntad.
Sobre el concepto de formación. (Conferencia ofrecida el 18 de
octubre de 1.930 para maestros católicos del Palatinado de Espira)
6.-
Acabo de mencionar el principio más elemental del método fenomenológico:
fijar nuestra atención en las cosas
mismas. No interrogar a teorías sobre las cosas, dejar fuera en
cuanto sea posible lo que se ha oído y leído y las composiciones de
lugar que uno mismo se ha hecho, para más bien acercarse a las cosas con
una mirada libre de prejuicios y beber de la intuición inmediata. Si
queremos saber qué es el hombre, tenemos que ponernos del modo más vivo
posible en la situación en la que experimentamos la existencia humana, es
decir, lo que de ella experimentamos en nosotros mismos y en nuestros
encuentros con otros hombres.
Estructura de la persona humana (curso de antropología filosófica)
7.-
La predicación de la cruz sería vana si no fuera expresión de una vida
de unión con el crucificado. El que se sumerge amorosamente en los
sentimientos del Salvador en la cruz, es decir, en el amor que se entrega
totalmente a sí mismo, ése se une con la voluntad divina precisamente a
través de eso; se hace uno con el ser divino, que es amor que se entrega
a sí mismo.
Ciencia de la cruz
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